21 octubre 2009

La tragedia de los espacios colectivos- Garrett Hardin


Este es un post de septiembre del 2008, lo quité del blog por ladrillo, pero ahora que han dado un nobel a alguien por temas relacionados aprovecho para, de entrada; darme cuenta que hace un año que no cuelgo nada, y dos; para recolgar el ladrillo. De hecho es un trabajo de clase sobre una lectura, pero tiene un punto de reflexión cuasi idiológica que me gusta, por eso lo titulé; competir vs cooperar.
este post es un paste de word, se ve mejor en firefox

Tragedy of the commons

La idea que espacios colectivos llevan inevitablemente a la sobreexplotación.
La primera referencia encontrada a la expresión “La tragedia de los comunes” data de 1833 en un libro sobre demografía de William Foster Lloyd, aunque se pueden encontrar referencias a la idea de la sobreexplotación de bienes comunes desde Aristóteles y Tucídides. Pero sin duda el concepto fue popularizado por Garrett Hardin en este ensayo “La tragedia de los comunes[i]
El autor plantea el problema demográfico de la sobrepoblación, como una tragedia inevitable sin solución técnica, cuya única solución parece ser la privatización de los espacios y recursos o “algún sistema equivalente” de restricción de uso. El biólogo luchó toda su vida contra el laissez faire en asuntos familiares y de la población a pesar de utilizar su misma racionalidad libertaria y su misma concepción del hombre como Homo oeconomicus, cuya única lógica racional es el propio individualismo egoísta como motor evolutivo.
la racionalización del individualismo absoluto; Las teorías del gen egoísta herederas de la visión determinista.
El autor hace un encendido alegato en la no-protección de la natalidad que no se pueda sostener por sus propios recursos. Una selección natural por rentas; “si los hijos de los padres descuidados se muriesen de hambre (....) la sobre procreación traería su propio castigo,”. Obviando cualquier referencia a la desigualdad del reparto de costes y beneficios de esta mentalidad, llegando a una afirmación casi nihilista de la concepción humana “Si amamos la verdad debemos negar abiertamente la validez de la Declaración de Derechos Humanos.”
Decir que el egoísmo individual es la única racionalidad es aplicar una lógica mermada de una parte importante de la naturaleza en su conjunto. Las teorías del gen egoísta, tan recurridas ideológicamente ente final de s.XX y principios del XXI, no son los modelos de comportamiento comúnmente aceptados o debatidos entre los propios biólogos, de hecho ni siquiera sus propios autores pretendieron tal simplificación, ni el propio Richard Dawkins desde su primer libro excluye la cooperación en sus teorías. Larga es la tradición determinista de la herencia; Gregor Mendel [ii], August Weismann[iii], Francis Crick[iv], Ronald Fisher, y su evolución hacia teoría gen-céntricas, inicialmente adoptadas por Colin Pittendrigh [v], y William Hamilton [vi], George C. Williams[vii], y Richard Dawkins[viii].
Pero las teorías que más se están imponiendo en las últimas décadas del XX y principios del XXI desafían ese determinismo del gen individualista. El paleontólogo Stephen Jay Gould observa la selección natural funcionando a varios niveles, y llama a las posiciones de Dawkins “estricto adaptacionismo” “ultradarwinismo” y “darwinismo fundamentalista” describiéndolo como “reduccionista”. Lo ve encaminado a una simplístico “algoritmo” teórico de la evolución. Ruffié, J. hace un repaso a las críticas del modelo[ix]:
Entre los biólogos sus principales críticos son el grupo de S. J. Gould y R. C. Lewontin (2), y las armas que esgrimen contra la sociobiología en general son, fundamentalmente: un adaptacionismo extremo (que todos los rasgos son adaptaciones con un propósito) y su atomismo genético (que hay genes que actúan independientemente para cada rasgo). Lo verdaderamente importante es su definición del gen como unidad de selección y replicación, no unidad de propósito, ya que como diría J. Monod (3) el aparato teleonómico es el individuo (o en ciertos organismos sociales como hormigas y abejas, la colonia). Los genes no controlan nuestras vidas ni nuestras acciones, solo controlan el desarrollo embrionario y una vez construido el individuo este actúa con tanta libertad como le permita su sistema nervioso (en el caso del ser humano, quizás ilimitada), pero a la siguiente generación pasan ellos, no nosotros. A finales del S.XIX, un discípulo de A.Weismann, padre de la teoría de la línea germinal, afirmó que "el huevo no era más que un medio imaginado por la gallina para que se ponga otro huevo"

¿Cuál es la unidad del motor de la evolución? Desde la proteína más simple hasta la comunidad más compleja, definir los rasgos de identidad que defina al individuo, la unidad que pueden generar estrategias naturales de supervivencia, reproducción y evolución es un debate tan complejo como la propia definición del concepto de vida. En cualquier caso el Homo oeconomicus reduce la definición de identidad de la vida en algo cercano al gen, lo que creo que hoy en día ya esta bastante superado por modelos biológicos más flexibles.
A riesgo de contagiarme del tono de grandilocuencia del autor, intentando mantener una sincera critica a mis propios racionamientos, creo que puedo afirmar que busco entender la realidad por encima de cualquier otra creencia, y atento a mis propias deformaciones de percepción y racionamiento creo que la visión del Homo oeconomicus es simplemente falsa, Negar los instintos gregarios de la naturaleza humana es negar la realidad biológica de la especie. Si fácilmente aceptamos que la competición entre individuos es parte del conjunto de instrumentos instintivos que forman las estrategias de evolución, también podemos aceptar fácilmente que la cooperación entre individuos es parte importante de estas mismas estrategias naturales.