Este es un post de septiembre del 2008, lo quité del blog por ladrillo, pero ahora que han dado un nobel a alguien por temas relacionados aprovecho para, de entrada; darme cuenta que hace un año que no cuelgo nada, y dos; para recolgar el ladrillo. De hecho es un trabajo de clase sobre una lectura, pero tiene un punto de reflexión cuasi idiológica que me gusta, por eso lo titulé; competir vs cooperar.
este post es un paste de word, se ve mejor en firefox
Tragedy of the commons
La idea que espacios colectivos llevan inevitablemente a la sobreexplotación.La primera referencia encontrada a la expresión “La tragedia de los comunes” data de 1833 en un libro sobre demografía de William Foster Lloyd, aunque se pueden encontrar referencias a la idea de la sobreexplotación de bienes comunes desde Aristóteles y Tucídides. Pero sin duda el concepto fue popularizado por Garrett Hardin en este ensayo “La tragedia de los comunes” [i]
El autor plantea el problema demográfico de la sobrepoblación, como una tragedia inevitable sin solución técnica, cuya única solución parece ser la privatización de los espacios y recursos o “algún sistema equivalente” de restricción de uso. El biólogo luchó toda su vida contra el laissez faire en asuntos familiares y de la población a pesar de utilizar su misma racionalidad libertaria y su misma concepción del hombre como Homo oeconomicus, cuya única lógica racional es el propio individualismo egoísta como motor evolutivo.
la racionalización del individualismo absoluto; Las teorías del gen egoísta herederas de la visión determinista.
El autor hace un encendido alegato en la no-protección de la natalidad que no se pueda sostener por sus propios recursos. Una selección natural por rentas; “si los hijos de los padres descuidados se muriesen de hambre (....) la sobre procreación traería su propio castigo,”. Obviando cualquier referencia a la desigualdad del reparto de costes y beneficios de esta mentalidad, llegando a una afirmación casi nihilista de la concepción humana “Si amamos la verdad debemos negar abiertamente la validez de la Declaración de Derechos Humanos.”
Decir que el egoísmo individual es la única racionalidad es aplicar una lógica mermada de una parte importante de la naturaleza en su conjunto. Las teorías del gen egoísta, tan recurridas ideológicamente ente final de s.XX y principios del XXI, no son los modelos de comportamiento comúnmente aceptados o debatidos entre los propios biólogos, de hecho ni siquiera sus propios autores pretendieron tal simplificación, ni el propio Richard Dawkins desde su primer libro excluye la cooperación en sus teorías. Larga es la tradición determinista de la herencia; Gregor Mendel [ii], August Weismann[iii], Francis Crick[iv], Ronald Fisher, y su evolución hacia teoría gen-céntricas, inicialmente adoptadas por Colin Pittendrigh [v], y William Hamilton [vi], George C. Williams[vii], y Richard Dawkins[viii].
Pero las teorías que más se están imponiendo en las últimas décadas del XX y principios del XXI desafían ese determinismo del gen individualista. El paleontólogo Stephen Jay Gould observa la selección natural funcionando a varios niveles, y llama a las posiciones de Dawkins “estricto adaptacionismo” “ultradarwinismo” y “darwinismo fundamentalista” describiéndolo como “reduccionista”. Lo ve encaminado a una simplístico “algoritmo” teórico de la evolución. Ruffié, J. hace un repaso a las críticas del modelo[ix]:
“Entre los biólogos sus principales críticos son el grupo de S. J. Gould y R. C. Lewontin (2), y las armas que esgrimen contra la sociobiología en general son, fundamentalmente: un adaptacionismo extremo (que todos los rasgos son adaptaciones con un propósito) y su atomismo genético (que hay genes que actúan independientemente para cada rasgo). Lo verdaderamente importante es su definición del gen como unidad de selección y replicación, no unidad de propósito, ya que como diría J. Monod (3) el aparato teleonómico es el individuo (o en ciertos organismos sociales como hormigas y abejas, la colonia). Los genes no controlan nuestras vidas ni nuestras acciones, solo controlan el desarrollo embrionario y una vez construido el individuo este actúa con tanta libertad como le permita su sistema nervioso (en el caso del ser humano, quizás ilimitada), pero a la siguiente generación pasan ellos, no nosotros. A finales del S.XIX, un discípulo de A.Weismann, padre de la teoría de la línea germinal, afirmó que "el huevo no era más que un medio imaginado por la gallina para que se ponga otro huevo"
¿Cuál es la unidad del motor de la evolución? Desde la proteína más simple hasta la comunidad más compleja, definir los rasgos de identidad que defina al individuo, la unidad que pueden generar estrategias naturales de supervivencia, reproducción y evolución es un debate tan complejo como la propia definición del concepto de vida. En cualquier caso el Homo oeconomicus reduce la definición de identidad de la vida en algo cercano al gen, lo que creo que hoy en día ya esta bastante superado por modelos biológicos más flexibles.
A riesgo de contagiarme del tono de grandilocuencia del autor, intentando mantener una sincera critica a mis propios racionamientos, creo que puedo afirmar que busco entender la realidad por encima de cualquier otra creencia, y atento a mis propias deformaciones de percepción y racionamiento creo que la visión del Homo oeconomicus es simplemente falsa, Negar los instintos gregarios de la naturaleza humana es negar la realidad biológica de la especie. Si fácilmente aceptamos que la competición entre individuos es parte del conjunto de instrumentos instintivos que forman las estrategias de evolución, también podemos aceptar fácilmente que la cooperación entre individuos es parte importante de estas mismas estrategias naturales.
Los efectos patógenos de la empatía y la culpa
De nuevo el autor nos mete en el difuso mundo de la moralidad y de la conciencia. Es pues un terreno fanganosos, a menudo más cercano a la filosofía que a la ciencia, pero sin duda, si queremos hablar tanto de economía, como de sociedad, como de demografía, tenemos que intentar entender el comportamiento humano. Arrastrar conceptos antiguos como el de conciencia, provenientes de mentalidades heredadas, construidas en el devenimiento de la propia cultura, todavía cercanas a visiones teológicas, antropocéntricas del universo, herederas de concepciones animistas del hombre, y juntarlos con ideas de psiquiatría postfreudianas creo que es un acercamiento poco actualizado a la gran cantidad de información que hoy surge en cuanto a nuestro propio entendimiento.
El autor asocia el concepto de culpa con el de responsabilidad, para de una vez condenar a ambos como sistema para fomentar comportamientos, si estos no están forzados por las legislaciones punitivas. Una vez más, parte del supuesto que la única racionalidad del individuo es la búsqueda de sus intereses individuales exclusivamente, sin sentir ninguna relación de su comportamiento y el bienestar del conjunto que le incluye. Si bien asocia los conceptos de responsabilidad y culpa, los reduce a la connotación necesariamente negativa de ese sentimiento freudiano de culpa. Parece que la naturaleza nos ha castigado con instintos, no solo inútiles, sino autodestructivos.
Por otro lado podemos mantener esa asociación y encontrar en el concepto de responsabilidad un instinto útil, lógico, natural, con una función evolutiva evidente. Encajaría mejor en una visión del hombre y de la naturaleza que desarrolla sus instintos y comportamientos como una serie de posibles instrumentos estratégicos que le otorguen la tan ansiada capacidad de adaptación, de supervivencia en muy diferentes circunstancias y de reproducción como especie. Si existe la empatía, existe la reacción por perjuicio ajeno, al igual que podemos experimentar felicidad en la supervivencia de un congénere. No veo por qué en la construcción de la racionalidad que explica el comportamiento tenemos que negar esa parte por ilógica, sin sesgar el objeto que queremos entender, que al fin y al cabo es la población en su conjunto.
Coerción reciproca acordada mutuamente, el concepto de libertad y el contrato social.
Es fácil estar de acuerdo en que los espacios tienen un límite por que estos están en la propia definición del concepto, y por lo tanto el libre acceso de una masa viva indetermina puede saturarlos.
Pero creo que la discusión no es tanto si debemos restringir su acceso y uso, sino como. Otorgar los derechos normalmente asociados al concepto de propiedad privada supone poner todos los recursos en juego de mercado, que tiende al desequilibrio sistemático, a concentrar la riqueza en pocas manos, y no optimiza el uso de recursos. Por lo que se necesitan mecanismos de complemento públicos al mercado, sistemas básicamente de predistribución mediante los cuales compensar la natural polarización de la riqueza en pocos agentes. Mecanismos que optimicen los recursos para satisfacer necesidades más allá de la curva de demanda efectiva, cubran los huecos del mercado, eviten riesgos sistemáticos y fomenten el crecimiento en su conjunto. Dichos mecanismos son deseables aunque solo sea por la eficiencia del sistema hacia los individuos que componen ese mismo sistema. Si bien comparto la opinión que dichos mecanismos han de ser complemento al sistema de mercado que mantenga los incentivos necesarios en la búsqueda de la excelencia y la eficiencia.
Hay otro, creo, argumento importante en contra de la tradicional privatización de los espacios. Los espacios privados también se sobreexplotan. Si el recurso no es renovable es de esperar que la propiedad privada intente rentabilizar al máximo su recurso lo más rápidamente posible. Si el recurso si es renovable puede que el propietario mantenga el recurso en condiciones de máxima rentabilidad sostenida, pero también puede ser que aun siendo renovable, por cálculos financieros, un inversor crea más rentable extenuar los recursos a corto plazo para luego mover la inversión a otro sector de también alta rentabilidad a corto plazo. Un comportamiento depredador de este tipo seria acorde con la visión Homo oeconomicus del hombre. En términos financieros, egoístas, si la explotación sostenida renta menos que otros sectores de inversión la explotación extenuante es la opción óptima de maximización de beneficios.
Finalmente en este capítulo el autor llega a lo que se puede considerar uno de los centros del debate ideológico actual: ¿Qué es la libertad? Ningún otro concepto parece igualar tal necesidad vital, el propio Hardin argumenta en contra de los derechos humanos y la justicia como conceptos cuestionables en su propia finalidad o realidad.
Paradójicamente coincido y admiro la definición escogida por Hardin, prestada de Hegel, para el concepto: “La libertad es el reconocimiento de la necesidad” Pero como tal reconocer es definir, y por tanto la libertad a la que uno se refiere hay que definirla y protegerla.
La necesidad; de expresión, de reunión, de pensamiento, de vida, de propiedad, de movimiento,... libertad es sin duda un concepto condicionado a una acción. Creo que la igualdad de oportunidades, la procreación, la vida y en general todos los derechos mencionados en la carta de la ONU son necesidad. Y si la propiedad es necesidad, suponemos, lo es para todos. Es lógico pensar que al igual que la libertad de propiedad necesita de penalizar la libertad de robar, el marco que protege dichas libertades es el que nos hace libres, aunque sea un marco, un límite en sí mismo.
Los ciclos ideológicos; Competir vs Cooperar
Si repasamos la historia de las teorías y autores desde la antigüedad, la Edad Media, el mercantilismo, la fisiocracia, hasta los llamados clásicos, liberalistas, desde A. Smith hasta los neoclásicos Friedman, Barro o Sala i Martí, si repasamos la historia de las doctrinas económicas, podemos apreciar una constante disputa entre los equilibristas naturales del mercado y las diferentes alternativas; Estuart Mill, Cournot, Jevons, Walras, Marshall, Weeb, Weber, Pareto, Keynes, Hayek, y compañía. Al repasar las ideas que construyen sus lógicas, los conceptos que sustentan sus racionalidades en la historia de la formación del pensamiento económico, no puedo evitar pensar que a menudo el Mercado, entendido como la libertad de la propiedad privada, se ha convertido en más que un paradigma científico, en un objeto de culto. Una bella idea cuya perfección es más cercana a lo que los anglosajones llaman wishfull thinking que realidades constatables. Ni los mercados parecen autoregularse, ni parece que su equilibrio sea el óptimo de la utilización de los recursos para la satisfacción de necesidades, ni parece que tiendan a la convergencia ni entre países ni entre individuos. Parecen obviar que la naturaleza además de competición hay mucha cooperación, especialmente entre animales de la misma especie, pero incluso entre especies distintas. Cooperar es a menudo la mejor estrategia, y a veces un juego de combinación. Creo que quien mejor expresa la construcción y evolución del culto a la idea de la racionalidad social del individualismo es J.M. Keynes cuando anunciaba por penúltima vez “El Final Del Laissez-Faire” [x] por el año 1926:
“La disposición hacia los asuntos públicos, que de modo apropiado sintetizamos como individualismo y laissez-faire, tomó su alimento de muchas y diversas corrientes de pensamiento e impulsos sentimentales. Durante más de cien años nuestros filósofos nos gobernaron porque, por un milagro, casi todos ellos estuvieron de acuerdo o parecieron estarlo en esta única cosa. Todavía ahora no bailamos con otro ritmo. Pero se percibe un cambio en el ambiente.
En manos de Locke y Hume, estas doctrinas fundamentaron el individualismo. El contrato supone derechos en el individuo; la nueva ética, no siendo más que un estudio científico de las consecuencias del egoísmo racional, colocó al individuo en el centro.
Paley y Bentham aceptaron el hedonismo utilitarista[xi] de las manos de Hume y sus predecesores, pero ampliándolo a la utilidad social. Rousseau tomó el Contrato Social de Locke y dedujo de él la Voluntad General. En todos los casos la transición se realizó en virtud del nuevo énfasis puesto sobre la igualdad. «Locke aplica su Contrato Social para modificar la igualdad natural de la humanidad, en tanto esta expresión implica igualdad de propiedad o incluso de privilegio, atendiendo a la seguridad general. En la versión de la igualdad según Rousseau, no es sólo el punto de partida, sino la finalidad»[xii].
Rousseau dedujo la igualdad del estado de la naturaleza, Paley de la voluntad de Dios, Bentham de una ley matemática de indiferencia, Así entraron la igualdad y el altruismo en la filosofía política, y a través de Rousseau y Bentham conjuntamente pasaron a la democracia y al socialismo utilitarista,
Ésta es la segunda corriente -surgida de controversias muertas desde hace tiempo y arrastradas en su camino por falacias largamente explotadas- que todavía impregna nuestra atmósfera de pensamiento, Pero ésta no ha eliminado la corriente anterior. Se ha mezclado con ella, Los primeros años del siglo XIX realizaron la milagrosa unión, Ella armonizó el individualismo conservador de Locke, Hume, Johnson y Burke con el socialismo y el igualitarismo democrático de Rousseau, Paley, Bentham y Godwin.
Ésta es la tercera corriente de pensamiento, que se puede descubrir precisamente en Adam Smith, que estuvo lista en lo principal para permitir al bien público descansar en “el esfuerzo natural de cada individuo para mejorar su propia condición”, pero que no fue desarrollada completa y conscientemente hasta principios del siglo XIX. El principio del laissezfaire había llegado a armonizar individualismo y socialismo, y a conciliar el egoísmo de Hume con el mayor bien para el mayor número. El filósofo político podía retirarse en favor del hombre de negocios, porque el último podía alcanzar el summum bonum sólo con perseguir su propio beneficio privado.
Se ha visto que Hume y Paley, Burke y Rousseau, Godwin y Malthus, Cobbett y Huskisson, Bentham y Coleridge, Darwin y el obispo de Oxford, todos, estuvieron predicando prácticamente lo mismo: individualismo y laissez faire. Ésta era la Iglesia de Inglaterra y aquéllos sus apóstoles, mientras que el gremio de los economistas estaba allí para probar que la menor desviación hacia la impiedad provocaba la ruina financiera.”
El Final Del Laissez-Faire” [xiii] J.M. Keynes
Una racionalización individualista que Keynes remonta al siglo XVIII, que él observa en 1926, que podemos observar en Hardin en 1968, que la vemos en un nuevo apogeo desde que Friedman fuera asesor de la revolución liberal de la década de 1980, hasta nuestros días. Un renacimiento periódico del individualismo, no solo como base idiologica, sino tambien como marco de la visión de nuestra propia realidad. Competir vs cooperar. Una siempre igualada lucha de instintos que posiblemente podemos rastrear hasta los orígenes de las sociedades, y que en algunos textos académicos, a veces parece acercarse más a una justificación que a una explicación utilitarista. Tal vez, como dijo Bentham, “La razón es y sólo debe ser la esclava de las pasiones y no puede pretender nunca otra tarea que servirlas y obedecerlas”, y tal vez no siempre podemos excluir la razón académica a la lista de victimas.
En mi opinión, la libertad individual, los mercados son fundamentales para el propio desarrollo de la naturaleza humana, pero no cooperar en absoluto es camino a un darwinismo social cuyo único sentido es la pura supervivencia individual. La libertad de mercado en mi opinión tendría que estar entre los derechos humanos fundamentales básicos de una sociedad democrática, la propiedad es básica para el desarrollo humano, la libertad de intercambiar, comprar, vender, negociar con el prójimo fundamental, la libertad de elegir tu propia forma de adaptarte a la sociedad y de escoger tu profesión, de establecer tu propio negocio o y de determinar la forma en la que te integras y cooperas con la sociedad, es fundamental para un ser tan versátil como el homosapiens, pero eso no significa que los mercados sean una especie de concepto cuasi sacro que en su bella perfección nos llevara por si solo a la mejor de las sociedades posibles, ni que el instinto egoísta sea el único y mejor referencia en todos los casos.
Pero sobre todo hay que entender que para que la libertad funcione para todos necesita de acuerdos marco, contratos sociales (Rosseau). Viejas ideas de construir libertad precisamente con marcos legislativos, algunas de esas batallas por la construcción del derecho en el ámbito de estado-nación ya fueron ganadas por nuestros antepasados en los países que hoy llamamos desarrollados.
Si el futuro ha de ser mejor que el pasado y el presente no será por que evolucionemos en pocas generaciones, recitando a Darwin “bien podría ser que tuvieran que pasar cientos de generaciones”. Si el futuro ha de ser mejor será por que entendamos mejor a nuestra propia naturaleza humana y adaptemos los sistemas sociales a esta. Así hemos hecho para construir unos sistemas democráticos, o unos sistemas judiciales más civilizados. No esperando que el hombre se comporte de forma distinta, sino creando marcos de a un sistema que premie y penalice nuestros comportamientos individuales para que nos acerque a nuestros objetivos colectivos.
La transición demográfica como solución
En el caso del problema de superpoblación creo evidente que la solución no esta tanto en la restricción de los recursos a los menos favorecidos para generar una selección natural, un darwinismo social extremo, sino todo lo contrario.
La asociación de la estabilidad demográfica natural asociada al bienestar se confirma sistemáticamente. Tanto en el ámbito nacional; en los países donde históricamente hemos observado un despegue económico, como en el ámbito regional, e incluso si segmentamos por variables asociadas al bienestar como la educación, la renta, el consumo etc. Creo que hoy podemos afirmar que el aumento de bienestar genera la estabilización demográfica.
Por lo tanto estoy más cerca de medidas casi opuestas a las presentadas en el texto, la solución al exceso de crecimiento demográfico creo que esta más cercana a la extensión global de sistemas cercanos al modelo de estado del bienestar que reduzcan los niveles de pobreza al mínimo, que políticas de liberalización económica, en la restricción de los recursos entre los menos favorecidos y en la legislación forzosa de la familia.
La transición demográfica se ha dado en todos los países desarrollados, y de forma natural sin necesitar de políticas restrictivas de población. Es una generalización con excepciones, políticas de control de la natalidad se han experimentado en varios países en varias épocas, pero, salvo la excepción de una política sostenida durante décadas como la del hijo único en China, los resultados por estas medidas nunca han sido tan claros como las habituales transiciones demográficas generadas naturalmente por el crecimiento del bienestar de la población. De ahí mi creencia que la afirmación: la transición demográfica es la solución, no parece exagerado. El problema es identificar las causas y factores que generan el proceso de transición, hacia una sociedad más estable demográficamente
Estoy a favor de políticas económicas más distributivas, en convivencia con las restricciones impuestas por la propiedad privada y el libre mercado, pero que cubren las necesidades que estos últimos no alcanzan, más allá de la demanda efectiva, con sistemas de seguridad en la igualdad de oportunidades que fomente estrategias familiares propias de los países más desarrollados económicamente. Y estoy en esta línea de argumentación no solo por cuestiones humanitarias, ya que si creo que la Declaración de Derechos Humanos tiene una raíz natural y por tanto realista, sino sobretodo por eficiencia. Aunque no podamos determinar que procesos mentales complejos ocurren en un órgano tan lejos de ser comprendido como nuestro cerebro, si creo que podemos constatar que la pobreza, por el motivo que sea, genera más población, y la seguridad social equilibra los nacimientos al entorno con menos dramatismo, casi con una mano invisible demográfica. Mano invisible definida como resultado del juego sistemático, si el marco que establecemos no es puramente competitivo. Mano invisible que si bien incluye los instintos individualistas necesita de las garantías del estado del bienestar. Parece que si montamos un sistema que funcione para todos los individuos de la comunidad, los individuos de la comunidad se adaptan y estabilizan el sistema.
[i] Garrett Hardin - The Tragedy of The Commons, Science, 162 (1968)
[ii] Mendel, J.G. - Versuche über Plflanzenhybriden Verhandlungen des naturforschenden Vereines in Brünn, Bd. IV für das Jahr, (1865) Abhandlungen:3-47.Para la version en ingles ver: Druery, C.T and William Bateson "Experiments in plant hybridization". Journal of the Royal Horticultural Society 26: 1–32 (1901)...
[iii] August Weismann - On inheritance ("Über die Vererbung") , (1883)
[iv] Crick, F.H.C. - On Protein Synthesis. - Symp. Soc. Exp. Biol. XII, 139 (1958): -y Central Dogma of Molecular Biology. Nature 227, 561-563 (1970).
[v] Colin Pittendrigh -Adaptation, natural selection, and behavior- articlulo, (1958)
[vi] W.D. Hamilton -The Genetical Evolution of Social Behavior - Journal of Theoretical Biology, 295–311 (1964), en el que formula las bases de “las aptitudes inclusivas”
[vii] George C. Williams - Adaptation and Natural Selection (1966)
[viii] Richard Dawkins - The Selfish Gene (1976) y The Extended Phenotype (1982).
[ix] Ruffié, J.- El sexo y la muerte.- Espasa-Calpe. Madrid (1988).
[x] J M Keynes -El Final Del Laissez-Faire - Este ensayo, que fue publicado como opúsculo por Hogarth Press en julio de 1926, se basó en la conferencia Sidney Ball, pronunciada por Keynes en Oxford, en noviembre de 1924, y en una conferencia dictada por él en la Universidad de Berlín, en junio de 1926. Los capítulos IV y V se utilizaron en Essays in persuasion.
[xi] Paley -Principles of moral and political philosophy, libro 1, cap. 6.
[xii] Leslie Stephen, - English thought in the Eighteenth Century, 11, 192.
[xiii] J M Keynes -El Final Del Laissez-Faire - Este ensayo, que fue publicado como opúsculo por Hogarth Press en julio de 1926, se basó en la conferencia Sidney Ball, pronunciada por Keynes en Oxford, en noviembre de 1924, y en una conferencia dictada por él en la Universidad de Berlín, en junio de 1926. Los capítulos IV y V se utilizaron en Essays in persuasion.
George Lakoff--Profesor de lingüística de Berkeley
Libro; political mind
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Libro; political mind
El ciclo liberal de los 80