25 abril 2013

Volverán las oscuras golondrinas

...en tu balcón sus nidos a colgar.

Lo del exelgate ha sido catártico. Para quien haya seguido el debate extraordinariamente catártico, exageradamente, increíblemente. Ningún paper tiene tanta influencia, hay algo más, había ganas, había necesidad. Como suele ocurrir el “post hoc ergo propter hoc” (lo anterior es causa de lo posterior) es menos común de lo que parece. No es que el debate cambie por una evidencia, es que la evidencia es la excusa para que cambie el debate. Las consecuencias de las políticas de austeridad, que no están dado resultados en los últimos años, es el trauma social que motiva el giro, el exelgate es la excusa perfecta. “Confiaba en académicos de prestigio y las instituciones que los mencionaban ¿Cómo iba a saber que que manipulaban los números? No es que me equivocara, es que me han engañado”. Es la excusa perfecta para justificar un cambio de posición, de ahí el efecto catártico, se necesitaba una excusa para cambiar de rumbo.

Pero después de años de pensar que la evidencia empírica era más cariñosa con las visiones keynesianas y que los argumentos empíricos austericistas necesitaban de más tortura para confesar sus conclusiones sería inocente pensar que el debate ha acabado. Las victory laps de los keynesianos se volverá sin duda en su contra porque volverán los argumentos y estudios en favor de los que Krugy y Rajoy llaman “las personas serias”. Tuvieron que pasar tres décadas del mayor esplendor de la historia económica para que Nixon en el 71 dijera aquello de: "Ahora todos somos keynesianos", y aún así pocos años más tarde volvieron las golondrinas. Ya era absurdo cuando M. Friedman, tras la caída del comunismo, declaraba una y otra vez que se había ganado la batalla de las ideas y lo sigue siendo hoy. La batalla de las ideas nunca terminará, es el motor del conocimiento, la propia lucha interior de nuestros instintos. El debate tiene la misma virtud que el deporte; no hay victorias eternas, solo la liga de este año, luego empieza la siguiente, es una virtud que evita derrotas absolutas y que nos hace civilizados.

Por otro lado en Europa tenemos un problema añadido. Desde el principio las consecuencias de romper el euro por miedo a la inflación eran absurdas, arriesgar las apocalípticas consecuencias por un peligro inexistente era absurdamente desproporcionado. Por mucho que me fastidie no puedo evitar sospechar de agendas ocultas por parte de Schäuble. Esto no ha acabado, lo de usar el BCE como arma siempre ha sido capcioso, una lucha contra el absurdo, me cuesta creer que vaya a haber un giro, pero como otros no puedo acabar sino con un punto de esperanza.